miércoles 14 de octubre de 2009

Capítulo IX: Demasiado tarde

Capítulo IX: Demasiado tarde


Una hora más tarde estaba tumbado boca arriba en una fastuosa cama orientada al norte, en una fastuosa habitación orientada al sur. El colchón era perfecto, ni muy duro ni demasiado blando ni todo lo contrario. Tenía la puerta entornada (no se cerraba gracias a mis pantalones) y la ventana abierta de par en par. Corría una deliciosa brisa que me ponía el vello de los brazos de punta y que hacía bailar peligrosamente la luz de las velas. No teníamos electricidad, se había ido un rato antes. Clara me había acompañado a mi habitación con un candelabro y me había dejado un paquete de velas de color violeta, después de mencionar que la luz se iba a menudo, sobretodo por la noche.
Tumbado en la cama, sin una pizca de sueño, pensé en Emma. Una niña que se autocastigaba con la soledad y que había matado a su mejor amiga. Si aquello era cierto, Mateo Gattari no había obrado bien. Emma necesitaba ayuda psicológica, no que la convirtieran en una fugitiva.
No se sostenía. ¿Seis meses encerrada en aquella casa? Claro que aquello podría explicar porqué Gattari miraba con recelo a ambos lados de la calle la noche que lo conocí o porqué no se quitaba sus absurdas gafas de sol. Quizá lo siguieran. Por otra parte, Clara me había dicho que si no me iba de la casa antes del anochecer, no volvería a ver a mi hijo. Quizá se refería a que una vez que supiera lo de Emma no me dejarían salir de allí. Puede que todos estuviesen encerrados, que Gattari los mantuviese confinados hasta que se le ocurriera una manera de arreglar la situación. No era difícil imaginar que algo así acabara con los nervios de cualquiera. Puede que el guionista suicida estuviese locamente enamorado y llevase medio año sin poder ver a su amada, obligado a permanecer en la casa contra su voluntad. Puede que intentar suicidarse fuera su manera de protestar, de negarse a permanecer un minuto más enclaustrado. Todo aquello sonaba coherente, pero no explicaba por qué Jonás ya no tenía la herida en el brazo. Yo había visto la forma de los dientes en su carne, la sangre…
¿Maquillaje? ¿Con qué propósito?
Solo se me ocurría que Jonás tuviera un hermano gemelo; uno vestía de golfista, el otro de tenista. Aún no conocía a todo el equipo, solo a Clara, Emma y Jonás. La teoría del gemelo no me parecía plausible pero, o le buscaba sentido a lo que pasaba allí, o acabaría volviéndome loco.
Además, había ciertas cosas que no tenían lógica alguna. Desde antes de llegar a la casa no andaba del todo fino. Circulaba como flotando, no tenía ajustada la noción del tiempo (de hecho, notaba saltos inexplicables en el devenir de los eventos, estirando los segundos, acortando las horas y confundiendo mis sentidos) y en definitiva, me sentía como inmerso en una pesadilla. Volví a preguntarme si estaría soñando.
Habría jurado que no.
Necesitaba hablar con alguien. Joserra.
Busqué el móvil en las bolsas, accedí a la guía, y dándole al cinco una vez aparecieron los nombres por J.
Joserra no estaba. Primero me pregunté, desconcertado, cuándo lo había borrado.
Después me pregunté, irritado, quién cojones era Joserra. No conocía a ningún Joserra. La cena debía estar envenenada. Busqué en la L.
Menos mal. Lucía seguía estando allí. Le di a llamar y esperé impaciente. Si ella no quería hablar, por lo menos escucharía los grititos de mi hijo. Seguro que eso me tranquilizaba.
Espera, espera un momento. ¿Mi hijo?
Mis hijos. Tengo dos. Tengo dos hijos.
Dos.
Le di a colgar antes de que Lucía contestara.
Me estaba pasando algo. Algo horrible.
Tenía que salir de allí. Busqué los pantalones. ¿Dónde estaban? En el suelo, impidiendo que la puerta se cerrara. Sin embargo los encontré doblados sobre la cama. Trastornado, miré hacia la puerta. Estaba cerrada. Vale, y entonces... ¿esta puta brisa de dónde coño sale? Eso me lo dije antes de comprobar que no había ninguna brisa y que las llamas de las velas no se agitaban peligrosamente. Me puse los pantalones, me abroché la camisa y cogí las botas, no fueran a encerrarme mientras me las ponía.

Demasiado tarde.


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