viernes 4 de diciembre de 2009

Capítulo XVI: Días contados

Capítulo XVI: Días contados




Tecleé un hola y esperé. Lucía no tardó en contestar, y lo hizo con un monigote rojo echando rayos por el lado que tenía pelos y espuma por la boca. Estaba enfadada.

Lucia jodida y sola con dos bebés dice: ¿Qué? ¿Te lo estás pasando bien?
Alex Cumas dice: Lo siento. No debería haber venido.

Estuvimos chateando durante un rato. Primero quise saber si los niños estaban bien. De momento lo estaban. Y seguíamos teniendo dos. Después hablamos de un montón de cosas tranquilizadoramente normales.
No le conté las cosas raras que me estaban pasando. Aún no me había hecho una idea aproximada de lo que ocurría allí. Aunque en realidad, hablar con Lucía desde un salón de juegos dentro de la habitación 309 no podía hacer otra cosa más que empeorar mi estado mental. Cuando noté que se acababan los temas comunes y que Lucía tardaba más en contestarme, escribí lo siguiente:

Alex Cumas dice: Me gustaría verte.
Lucia jodida y sola con dos bebés dice: Pues vente a casa.
Alex Cumas dice: Ven tú. El domingo. Estoy en la cala San Vicente. Hay un bar- restaurante justo delante de la playa. Comeremos juntos. ¿Sobre la una? Por favor.
Lucia jodida y sola con dos bebés dice: No sé si me apetece.
Alex Cumas dice: Por favor… Tengo que contarte algunas cosas y es mejor que lo haga en persona. Por fa. Por fa.
Lucia jodida y sola con dos bebés dice: Está bien.
Alex Cumas dice: Tráete a los niños.
Lucia jodida y sola con dos bebés dice: Vale. Pero iré con Tony. Ahora tengo que dejarte.

Después apareció como no conectada. Me quedé un buen rato mirando la pantalla con cara de bobo. ¿Que vendría con Tony? ¿Pero de qué coño iba?
Me dieron ganas de estrellar una silla contra la pantalla del ordenador.
Salí del salón de juegos más enfadado que una mona, sin hacer ni caso a la camarera. Aunque creo que me tiró un beso.
Cerré la puerta de la 309 y me encaminé a mi habitación. Supe por el ventanal del fondo del pasillo que ya era de noche. Me habían robado otro día. Si tenía que creer a Jonás, Emma había sido la encargada de que aquellos dos días duraran dos horas.
Entonces escuché sus voces en el piso inferior y decidí bajar, a ver como se desenvolvían todos juntos. También sentía cierta curiosidad por el estado de la congelada Leonor.
Cuando ya estaba en el último peldaño de la escalera escuché mi nombre. Estaban en la cocina, y hablaban de mí. Me acerqué sigilosamente. Eran Clara y Jonás. De momento no supe si Emma y Leonor también se hallaban en la cocina. Agucé el oído, junto a la puerta:

Clara: … no tiene sentido. Creo que hay algo más.
Jonás: ¿Como qué?
Clara: Como otra prueba. O como un castigo.
Jonás: No creo que vaya por ahí.
Clara: ¿Y qué crees?
Jonás: Sólo se me ocurre que lo hayan traído para sustituir a alguien.
Clara: ¿A quién?
Jonás: ¿No está claro? A Leo.
Clara: Yo la he visto bastante bien.
Jonás: Pues a mí me parece que le queda poco. Le doy tres días.

Luego se hizo el silencio, y duró tanto rato que me entró la paranoia de que había hecho ruido y que habían descubierto mi espionaje. Así que corrí sigilosamente hacia la escalera y subí a mi habitación.
Jonás ya no me parecía tan sincero como antes, pero tampoco había dicho nada que me hiciera sospechar que tramaba algo contra mí. Supuse que tenían derecho a recelar de los motivos de Gattari para incluirme en la lista de invitados. Yo era el nuevo.
Pero aquello de que a Leo (supongo que Leo de Leonor) le quedaban tres días no había sonado pero que nada bien.
Y hablando de días (o pensando en ellos, más bien) me fijé en un calendario que colgaba de una pared en mi cuarto y en el cual ni me había fijado el día anterior. Quizá ni estuviera allí. Era un calendario de doce páginas, una por mes. Podía ver todo Julio y una foto de un barquito de un solo vistazo. Si no me habían robado días todavía era viernes, 20 de Julio. Había quedado con Lucía el Domingo 22, saltándome las normas de Gattari referidas a la permanencia en la casa, con el resto de los guionistas (o con los guionistas a secas, que a fin de cuentas yo no era más que un simple inspirador).
Mateo Gattari me había entregado diez mil euros y me había prometido bastante más por permanecer un mes allí. Pero después de intuir lo que se cocía en aquella dimensión, o esfera, como la había denominado Emma, todo el dinero que pudiera prometerme me parecía poco. Pasé la página del calendario sólo por ver en qué caía el día que me liberaría del contrato, si es que había un contrato, y me encontré con que Agosto estaba incompleto. Sólo había Agosto hasta el día 12. El espacio que debería haber contenido el resto de días aparecía vacío. Levanté la siguiente hoja y la descubrí en blanco. Las siguientes también. Aquel calendario acababa en 12 de Agosto.
Ni siquiera se cumpliría el mes, yo había entrado el día anterior, 19 de Julio.
Me estaba preguntando si debía preocuparme aquello cuando la puerta de mi cuarto se abrió y entró Leonor, bastante asustada.

- ¿Puedo dormir aquí hoy? Di que sí, por el amor de Dios.
- Va a ser que sí –concedí.


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