Flower Board, adicción en estado puro en este juego gratuito para iPhone
hoy 26/1
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Flower Board es un juego altamente adictivo. Tendrás que juntar grupos de
seis o más flores iguales para eliminarlas y aumentar la puntuación y como
sie...
viernes 18 de diciembre de 2009
Capítulo XVII: Secretos
Tumbados en la cama de matrimonio que venía con la habitación que me habían asignado, mirando los dos al techo, aún vestidos, conversábamos en voz baja. Leonor se las había apañado para esquivar mi pregunta de por qué quería dormir en mi habitación (o a qué le temía) y había conseguido que fuera yo quien le contara mis problemas.
- La verdad es que no estoy seguro de lo que pasó aquel fin de semana. Me lo he preguntado cientos de veces y me he martirizado pensando que debía haber mandado el trabajo a freír espárragos y haberme marchado con ellos a la acampada. De todos modos, aunque me dé de cabezazos, no voy a cambiar el pasado, así que no vale la pena que me siga torturando, ¿no crees?
- Mmm…
- Cuando volvió la noté esquiva. Durante tres o cuatro días me respondió con monosílabos a todo. Pensé que estaba enfadada por haberme quedado a trabajar después de haberle dicho todo el mes que iría con ellos, así que me porté muy bien, le compré cositas, lo llené todo de velas, escribí en cientos de globitos “vale por el mejor polvo de tu vida” y los repartí por toda la casa. Me duché dos veces por día y me puse toda la ropa que odio y que a ella le encanta. Le bajé todos los discos que me había pedido hacía meses y que yo posponía, la llevé al cine, al acuario, al museo paleontológico y a Port Aventura.
- Caramba.
- Y entonces su humor cambió para mejor y todo volvió a ser como antes de la puta acampada. Lo pasamos bien. Echo mucho de menos aquellos días.
- Pobrecito…
- ¿Te burlas de mí, Leonor Sin Apellido?
- ¿Te ha parecido que me burlaba de ti?
- La verdad es que no.
- Pues no seas bicho y sigue contando.
- Vale. El caso es que durante unas semanas vivimos un romance de película, fue mejor incluso que cuando nos conocimos. La guinda del pastel llegó cuando se hizo el test de embarazo porque se le había retrasado la regla. Íbamos a tener un hijo. La felicidad fue en aumento. La guinda de la guinda llegó con las ecografías. Venían gemelos.
- Qué suerte.
- Dos bebés, uno para cada uno.
- Hombre, así suena en plan mascota.
- Nada de eso. Un perro al menos te deja dormir.
- Según que perro.
- Mejor un gato.
- Sigue.
- Pues nada más. Realmente no ha pasado nada más. Lucía y yo nos hemos distanciado mucho. Yo le echo la culpa a ella, ella me la echa a mí. Pero ha sido culpa mía.
- ¿Por qué?
- Porque cuando nacieron los gemelos empecé a pensar que no eran míos, que se quedó preñada de otro en aquella acampada, y eso me ha ido carcomiendo.
- ¿Y ella que dice?
- Nunca se lo he comentado.
- Hay pruebas de paternidad.
- Decirle que sospechaba algo así habría acabado con nuestra relación, y tenemos dos hijos que dependen de nosotros. Supongo que pensé que tarde o temprano lo hablaríamos, quizá cuando los gemelos crecieran un poco. Cuando crecieran algo así como 30 años. Pero llegó un momento en que ya no me fiaba de ella, y ella notaba que yo no era el mismo y se iba agriando. Y entonces apareció la oferta de Mateo Gattari y no me lo pensé ni un segundo. La dejé sola con los bebés, plenamente consciente de mi propia cobardía. Pero justo cuando salía de casa me dijo que tendría que buscar a alguien para que la ayudara con los niños. Que quizá debía llamar a Tony.
- El de la acampada.
- El que compartió su tienda de campaña, sí.
- ¿Era amigo tuyo?
- Era amigo de Lucía, y desde que estábamos juntos, amigo de la pareja. Me caía muy bien. En parte me quedé haciendo la guardia… -aquí me quedé en blanco.
Leonor lo notó.
- ¿La guardia?
- Sí… -dije, intentando recuperar el hilo. – Trabajo de fontanero. Aquel fin de semana me quedé haciendo una guardia, por si había algún escape, se rompía algún retrete o alguien se compraba un lavavajillas y se moría de ganas porque se lo instalaran. Pues eso, que me quedé trabajando en parte porque sabía que Tony cuidaría de Lucía casi tan bien como yo.
- Ya veo…
- Cuando Lucía dijo que lo llamaría a él para cuidar de los niños, utilizó un tono de voz que no dejaba lugar a dudas. Mis niños son hijos de Tony. Hace un rato he quedado con ella. Le he pedido que el domingo venga al restaurante que hay al pie de la cala a comer. Que se traiga a los niños. Me ha dicho que vendrá con él.
- Qué puta.
- Gracias. Necesitaba oír eso.
- Aunque la verdad, todo esto suena a guión de telenovela barata.
- ¿A guión de “Varados”?
- Mismamente.
- Puede.
- ¿Piensas ir?
- ¿A dónde?
- A tu cita con Lucía.
- ¡Qué remedio! Tarde o temprano habrá que solucionarlo.
- No creo que puedas salir de la casa.
- ¿Por qué?
- Porque aquí se entra, pero no se sale.
- ¿Qué me impide salir ahora mismo por la puerta, cruzar el huerto, mearme en la estatua de la entrada, bajar por la cuesta de los chalets falso-rústicos de los alemanes y coger mi coche?
- Varias cosas. Primero, no puedes volverte por donde viniste porque no volverías al lugar que conoces. Segundo, hay un jardincito en la parte de atrás de la casa que es la mejor opción para largarse, pero si lo intentas lo más seguro es que pierdas algo muy preciado. Y tercero, de noche no es buen momento.
- ¿Por qué?
- El pasillo está lleno de pesadillas.
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Etiquetas:
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